miércoles, 29 de marzo de 2017

Paul Léautaud, dejadme en paz.

Paul Léautaud (1872-1956) fue abandonado por su madre nada más nacer. Se crió con su padre -que de milagro no hizo lo mismo-, un actor de teatro cuya cama albergaba siempre una mujer nueva. Paul lo observaba siempre escondido debajo de la mesa del comedor en compañía del perro de la familia. Quizá por eso llegó a ser tan amante de los animales, de los que llegó a decir que los amaba más que a las personas. Lo cierto es que terminó compartiendo su vida con más de cuarenta gatos, más de veinte perros, e incluso con una cabra y un mono, lo que le provocó alguna disputa con sus vecinos. 

A su madre la conoció después, cuando tenía 17 años, cantando en un music-hall, y desde entonces se volvieron íntimos amigos. En sus primeras obras:  Le petit ami, de 1903 (traducido en España como Recuerdos ligeros; Menoscuarto Ediciones); In memoriam y Amores, de 1905 y 1906, reconoce estar enamorado de ella en el sentido sensual, lo que avala la extraña teoría del complejo de Edipo de Freud. En estos diarios, Léautaud cuenta episodios escabrosos de su juventud, pero también nos abre la puerta de un París que ya no existe. 

Tuvo varios oficios antes de empezar a trabajar en la revista Mercure de France, del que terminaría siendo secretario general durante más de treinta años. Su espontaneidad, el rechazo a mentir y el no querer doblegarse ante los poderosos le aseguró ese puesto. No dejaba de leer, y recurría a Stendhal cuando perdía la fe en las posibilidades de la literatura. Contradictoriamente, afirmaba que no le gustaba la gran literatura porque "a veces escribir bien es ser un hortera”. No le importaba, tampoco, parecer egoísta: "Lo noto cada vez más: sólo me interesa una cosa: yo, y lo que me pasa, lo que he sido, en lo que me he convertido, mis ideas, mis recuerdos, mis proyectos, mis temores, toda mi vida." 

Con el tiempo, se volvió un solitario cascarrabias que, entrado en la vejez, se despachaba a gusto contra todo durante las entrevistas radiofónicas que le hacía Robert Mallet. Gracias a ellas saltó a la fama. 
Murió siendo un feroz misántropo y anarquista aristocrático cuyas últimas palabras fueron: "dejadme en paz"

miércoles, 1 de febrero de 2017

"Asalto al cielo", la biografía de Javier Castillejo

Conocí a Javier a finales del 2009, pocos meses después de instalarme en Parla. Empecé a entrenar en su gimnasio y a practicar un deporte que aún era desconocido para mí, pero que gracias al Lince -aquél hombre de mirada desconfiada al principio, pero que luego no duda en abrirte las puertas de su casa y de su corazón- no solo empecé a respetar un deporte tan mal visto en nuestro país sino que empecé también a quererlo, hasta tal punto en que competiría después. 


De su espíritu de lucha nunca tuve la menor duda, pues es ése fue -y sigue siendo- su mayor brillo personal. Él así lo reconoce: "soy campeón de la vida", porque no sólo sigue siendo el mayor boxeador español de todos los tiempos, -ganando el campeonato del mundo en dos categorías distintas- sino porque supo mantenerse en pie cuando las circunstancias lo empujaban hacia abajo. Porque los campeones no se miden en las victorias sino en las derrotas, en las dificultades y las crisis personales. Y él supo salir victorioso de todas ellas. Su familia, su mujer, Martha, su mayor compañera desde que se conocieron de jóvenes, siempre fueron su mayor apoyo. 



Este libro, escrito de forma impecable por el periodista Jorge Sanz Casillas, tras muchas horas de entrevistas y grabaciones, es un recorrido por la vida de esta leyenda del boxeo, desde sus inicios; un chico humilde que encontró su vocación entre los sacos de un gimnasio de periferia, pasando por cada pelea contra púgiles como Oscar de la Hoya o Felix Sturm, hasta convertirse en ídolo de toda una generación. Una figura a la que nunca se le dio apoyo institucional de ningún tipo a pesar de haber ganado más trofeos que ningún otro deportista español, pero que aún así sigue siendo un referente de cualquier boxeador que quiera seguir superándose. 

Un libro que es necesario que sea leído, porque no solo hay una historia que merece ser escuchada, sino también porque es un libro sobre la lucha, la vida, el deporte y el amor, una lección de "cómo mantenerse en pie cuando te estás cayendo en pedazos".