domingo, 9 de junio de 2013

Crónica desde Panamá

Dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Y es verdad. Somos unos desagradecidos.
Uno no sabe lo bueno que tiene su país hasta que se va de él. Su gente, sus costumbres, la manera de pensar y de ser. Todo el mundo se queja de que si en España esto, que si en España lo otro. Eso es porque no han estado en América, amigos. Entonces España les parecería el dichoso paraíso terrenal. La culpa es de las películas y de los que nos venden américa como el paraíso de las libertades y de las oportunidades. Donde todo es posible y se vive muy bien. Pues mentira, todo mentira. Cuando vives aquí te das cuenta de que es todo una farsa. Ni más oportunidades, ni más libertad, ni mujeres mas guapas, ni hostias en vinagre. Bien es verdad que hay gente que vive muy bien, pero son los de siempre, los ricos, los de los bolsillos llenos que pueden vivir bien en cualquier lado. Pero centrémonos en los hechos: 

En primer lugar, es verdad que Panamá está creciendo mucho ya que por su situación geográfica ofrece amplios servicios marítimos, comerciales, financieros, etc. No olvidemos que posee la zona libre de colón, -la zona franca más grande del continente y la segunda del mundo- y el canal de Panamá, que ha impulsado al rápido crecimiento del país. 
Panamá tiene  ahora mismo una población superior a tres millones de habitantes y es el segundo país más seguro de Centroamérica, después de Costa Rica. 

Esta es la parte buena. Ahora vienen las malas: Que sigue siendo uno de los países cuya corrupción está a la orden del día. Lo que sale en las películas de Hollywood de que por 10 dólares "hacemos como si no ha pasado nada". La enorme pobreza de la gente que vive en él, explotados, trabajando por 400 dólares al mes, cuando los alquileres no bajan de 650 dólares y por ello tienen que compartir el piso para poder vivir, incluso con sus hijos. 
También es un país "muy protegido" para el panameño, así hay profesiones que solo pueden ejercerlas los nacionales, y conseguir los papeles para poder trabajar y vivir tranquilo no es nada fácil. En realidad, ponerte al día en los trámites administrativos necesarios para regularizar tu situación implica contratar un abogado, de pago, claro, y pagarle una media de 2500 dólares por persona. Todo funciona aquí con el requisito inexcusable de un abogado. Cualquier cosa. En Argentina no tienes problemas en ese aspecto ya que es el coño la bernarda.
Hace poco tuve un susto en el trabajo. Se presentó la inspección de trabajo y me pidieron la documentación. Y al no tener permiso de trabajo por poco me enchironan y me deportan. Me veía como en Prison Break pero sin el cerebro de Michael para poder escapar.

Por otro lado, me sigue llamando mucho la atención el hecho de que todo el mundo sea tan creyente. Justo enfrente de casa hay un templo evangélico que se atiborra de gente todos los días. La gente para despedirse siempre te dice "que dios te bendiga", "bendiciones", y cosas por el estilo. El otro día se subió un menda al autobús, el típico tarado que se pone a gritar diciendo que es el enviado de Dios y que en España pasaría todo el mundo de él pero que aquí  cuando dijo "quien esté conmigo, estará con el señor, y quien esté con el señor que aplauda" todo el mundo aplaudió. Uno se queda a cuadros y mirando hacia los lados esperando encontrar la cámara oculta.

Otro aspecto es que la "cesta de la compra" en los supermercados está carísima. La ciudad es gris, sucia, rota (salvo los altísimos e impresionantes rascacielos que configuran el centro financiero, y que es la parte que sacan en las postales de Panamá) atestada de tráfico rodado atascado ("tranques" llaman a los atascos) y que además carece de aceras. O son minúsculas, de 1 metro de ancho, y se ven interrumpidas constantemente por los accesos para los vehículos, a garajes o para que aparquen  delante de los negocios ubicados en los locales en planta calle. A veces, las pocas que hay están interrumpidas por un puñado de bolsas de basura porque también carecen de contenedores. Caminar por la calle es irse jugando la vida con el tráfico, a todas horas y a toda velocidad en un caos insoportable.  Además, los vehículos tienen la maldita costumbre de ir tocando el claxon constantemente, de una forma histérica, mediante sonidos cortos repetidos millares de veces para todo...: para decirte un piropo, para protestar por que los demás coches están parados, da igual el motivo, para cambiar de carril, para atravesar una avenida...y, en los taxis, que son una plaga, es su forma de ofrecerse a sus potenciales clientes. Entre otras cosas porque no se ve si van ocupados o no, al no llevar luz alguna que lo identifique (ni siquiera por las noches) y porque, estando ocupados, también pueden recogerte y de ese modo "compartir" el taxi con otros usuarios...

Debo reconocer que uno viene maravillado por las playas de Panamá, pero la realidad es que están todas lejísimos de la ciudad, pese a estar la ciudad en la costa del Pacífico, y distan mucho de las postales habitualmente difundidas. En resumen, obstáculos para todo, imposiciones absurdas y carísimas, corrupción al más alto nivel, ausencia de clase media, desigualdades sociales, intrusismo, negligencia e ineptitud definen uno de los países latinoamericanos "con más proyección" de Hispanoamérica...Si lo sé, no vengo.

miércoles, 5 de junio de 2013

Los sin voz

Tenía ganas de volver a escribir sobre las villas. Quizá como fórmula de exteriorizar el agradecimiento que supone para mi evolución personal el haber podido colaborar en Villa 15, también llamada Ciudad oculta y cuyo nombre procede de la dictadura militar argentina, encabezada por Videla, cuando decidieron esconder la villa de los ojos de los extranjeros durante el mundial de fútbol de 1978 tapándola y rodeándola con un paredón.

También es una forma de decir adiós. Adiós a toda la gente y sobre todo los niños, que he tenido el placer de conocer y que me han enseñado aspectos de la vida que no conocía. Que me han enseñado a abrir mi mente y mi corazón y a, por una vez, aparcar la piel de uno para ponerse en la del otro.

Me contemplo caminando por la arena de la entrada, o el barrizal cuando llovía. Feliz de encontrarme con los niños que siempre te esperan ansiosos y la gente que a pesar de las complicaciones diarias tiene una sonrisa todos los días para regalarte. Hacia ambos lados las casas, hechas de cemento, cartón o chapa. Los pequeños negocios del mismo modo anunciados con pintura, la cantidad de cableado puesto por encima de los bloques, los callejones de no más de dos metros, donde la droga y la desesperanza absorben y aniquilan desde los mas pequeños a los más grandes. Donde la basura, los desechos y las defecaciones se amontonan y van creando un foco de infecciones y enfermedades. El ruido de los tiroteos despertando a los vecinos por la mañana.  El bien y el mal en plena lucha. Una lucha encarnizada que mata, hiere y destroza cualquier atisbo de dignidad. Condenados al olvido y al silencio. Al desprecio dentro y fuera de esos muros que todos desean traspasar. 
Yo, agachada y de azul, con los niños de ciudad oculta

Sentimientos de nostalgia. Echo de menos oír mi nombre porque alguno de ellos me reclama para que le sirva  más comida o más agua, o porque simplemente requiere mi atención. Echo de menos los abrazos de los niños y su alegría. Y admirarme por los que solo viven y luchan incesantemente por los demás, los que dan ejemplo de superación personal mientras el mal acecha en cada esquina. Recuerdos de un ambiente cálido y entrañable. La indignación ante el dicho de que el ser humano tiene lo que se merece. 


La cara oculta de Argentina

Documental sobre ciudad oculta parte I

Documental sobre ciudad oculta parte II

lunes, 3 de junio de 2013

"El mapa de las viudas" de Daniel Dimeco

El escritor argentino Daniel Dimeco se adentra en la República Democrática Alemana en su nueva novela "El mapa de las viudas", ambientada en la ciudad costera de Stralsund y cuyos protagonistas son personas "perseguidas por los fantasmas de su pasado".

La trama comienza en una noche de verano de 1960, cuando, a raíz de unos asesinatos, la locura de la protagonista, Eleonora Maler, llega a un extremo insostenible, llegando a situaciones que van a ayudar a desvelar oscuros secretos escondidos. Eleonora tendrá  que enfrontarse a sus propios miedos, donde la Stasi, Ministerio de Seguridad del Estado, lo controla todo.

Graduado en Ciencias Políticas, el escritor y dramaturgo Daniel Dimeco ha ganado diversos premios en ambos ámbitos, como el Premio Fray Luis de León por su novela "La desesperación silenciosa", o el Premio Antonio Buero Vallejo con la obra teatral "La mano de Janós".

Dimeco declaró que en estos momentos ya tiene forma su próximo proyecto literario, una novela de la que no quiso desvelar nada, tan solo que no será "tan agobiante como la anterior.

domingo, 2 de junio de 2013

"Un comunista en calzoncillos" de Claudia Piñeiro

Claudia Piñeiro mira a su pasado, a su infancia y adolescencia, en "Un comunista en calzoncillos", una novela con tintes autobiográficos, "pero con todas las mentiras necesarias para que merezca la pena ser leída".
"Los escritores tenemos la posibilidad de cambiar esas cosas, esas que, cuando contamos algo real, no tendrían que ser dramáticas. A veces los personajes no tienen un aspecto dramático interesante y hay que dárselo", explicó Piñeiro.

En la novela presenta una etapa de la vida de la protagonista en la que la relación con su padre alcanzó "la máxima complicidad". Padre e hija aparecen en la fotografía que ilustra la portada del libro, en la que salen alegres y sonrientes, saliendo del mar, tomados de la mano, durante unas vacaciones en la ciudad costera de Mar del Plata. La relación de la protagonista con su padre marca una parte de la novela, que se compone de dos rupturas paralelas: la humana y la histórica, la del paso de la democracia a la dictadura militar argentina, una etapa llena de contradicciones.
Entre diciembre de 1975 a junio de 1976, el relato gira en torno a la ideología del padre, "un hombre que se decía comunista, a pesar de no ser ni militante ni revolucionario, ni nada", y al choque que constituye para la protagonista el ir descubriendo que fuera de su casa había gente que pensaba de otra manera.
"Él decía que tenía esa ideología, pero se quedaba en su casa, en calzoncillos -de ahí el título del libro-, tomando mate y comiendo". Mientras la relación entre hija y padre se va fortaleciendo, la hija se enfrenta a las contradicciones de una sociedad en la que los secretos, la censura y las sospechas crecen día a día entre los vecinos del pueblo de Burzaco, su pueblo natal, en la periferia sur de Buenos Aires.
El país vive, mientras tanto, la caída del Gobierno de Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976, y la llegada al poder del dictador Jorge Rafael Videla.

Autora de títulos como "Las viudas de los jueves", Premio Clarín de Novela en 2005, "Tuya" (Alfaguara, 2008) o "Las grietas de Jara" (Alfaguara, 2009), Piñeiro ha llevado ya "Un comunista en calzoncillos" hasta España.